Llegué a Israel invitado por el Ministro de
Asuntos Internacionales e Innovación de ese país para el evento más importante
en innovación y emprendedurismo del año: el StartUp Nation Jerusalem 2017,
junto a 22 países de todo el mundo. Nos esperaba una intensa agenda de una
semana de duración. Los presentes eran de nacionalidades muy diversas: suecos,
letonios, rumanos, alemanes, ingleses, holandeses y tailandeses.
Los únicos latinoamericanos eramos Erick,
peruano ingeniero mecatrónico y Alfredo, brasileño – que presentó una startup
de acuicultura- y Connectus Medical de Uruguay.
Éramos dos uruguayos en Israel con la
oportunidad de representar a Uruguay, Queríamos hacerlo de forma de transmitir
datos interesantes sobre el país además de emocionar y emocionarnos.
La primera charla importante que tuvimos
fue el primer domingo de nuestra estadía, para nuestra sorpresa, ya que se
trabaja normalmente en Israel comenzando el día domingo. Ese día conocimos al
renombrado escritor Saul Singer del que conocíamos por las reseñas del New York
Times por su libro «The Startup Nation» o la historia del milagro
económico de Israel, y obviamente comenzó a desgranar anécdotas de su libro
para que cualquier extranjero pudiera entender el éxito fulminante de Israel en
innovación, ostentando el lugar número tres a nivel mundial, pero acercándose a
la cima cada día.
Nos quedaron grabadas partes de su
historia, de la que trataré de hacer un esbozo. Comenzó con una pregunta casi
desesperada de un Primer Ministro a un joven programador.
«Hermoso discurso, pero… ¿qué es lo
que vas a hacer?» Le dijo Shimon Peres a Shai Agassi, el fundador y
director ejecutivo de Better Place (previamente conocida como Project Better
Place una de las primeras startups en el mundo en hablar de coches eléctricos).
Shimon Peres estaba sentado en un sillón
del Sheraton Hotel en los Alpes Suizos junto a Shai Agassi. Peres era el
israelí vivo más famoso del mundo, un erudito, dos veces primer ministro
Israelí y ganador de un Premio Nobel. A sus 83 años no necesitaba una aventura
más.
Anteriormente, Agassi había trabajado como
ejecutivo de SAP (la mayor empresa de software del mundo), a la que se había
unido en el año 2000 luego de venderle su startup en US$ 400 millones con 24
años.
Y allí se encontraba ahora con 39 años
junto al próximo presidente de Israel, tratando de convencer a un ejecutivo de
la industria automotriz. A Agassi se le había ocurrido convertir el mundo en
algo mejor con una propuesta tan ambiciosa que algunos confundieron con naif.
«Decidí que lo más importante que se debería hacer era encontrar la manera
de sacar un solo país fuera del petróleo». Si un país lo podía hacer, el
mundo lo seguiría.
El primer paso sería conseguir autos que no
usaran petróleo. Buscó mil posibilidades hasta que se dio cuenta que el alto
costo de un vehículo eléctrico se debía a que sus baterías eran caras. De modo
que considerando esto, lo más inteligente sería vender autos baratos y que la
compañía fuera la propietaria de las baterías. Del mismo modo que actualmente
se compran teléfonos muy caros pagando mensualmente su costo, aquí se pagaría
la electricidad consumida que pagaría la batería finalmente. Simple.
Luego de estas palabras fue cuando Shimon
le dijo: «Yo te voy a ayudar». Le concertó más de 50 entrevistas
teniendo contactos a los que Agassi jamás llegaría hasta llegar a ese momento:
la última cita y última oportunidad. Peres había arriesgado todo por un chico
informático y Agassi se sentía mortificado y culpable de poner a un líder
mundial en esta situación embarazosa.
Comenzó la reunión pautada con el CEO de
Renault y Nissan, el brasileño. Carlos Ghosn. Shimon hizo un discurso más
fuerte y energético que nunca. A lo cual el brasileño sin dudarlo respondió:
«tengo los autos, creo tener las baterías: hagámoslo».
Estaban en una misma frecuencia al pensar
que el futuro era eléctrico. Hablabando sobre autos híbridos el brasilero los
comparaba con una sirena diciendo: «si uno quiere una mujer tiene un pez y
si uno quiere un pez tiene una mujer».
El brasilero Ghosn seguía preocupado por
las baterías y Agassi dijo que no había que esperar por baterías milagrosas
porque no estarían listas en décadas. Entonces Agassi hizo una jugada
magistral: reclutó a un general del ejército israelí capacitado en manejar
logística militar para que fuera el CEO local y liderar el plan para el GRID
-sistema de computación- y la network nacional de los puntos de carga y
estacionamiento de los coches eléctricos.
La clave del modelo de negocios es que los
consumidores serían dueños de sus autos pero la startup Better Planet sería la
dueña de las baterías y sus instalaciones de carga.
La pregunta surgió inmediatamente: ¿Por qué
comenzar con Israel? La primera razón dijo Ghosn, era el tamaño: es el perfecto
país beta para autos eléctricos. Debido a sus vecinos hostiles, era una isla en
cuanto a transportes y las distancias de manejo eran las menores del mundo.
En Israel encontraría cómo construir una
GRID perfecta e inteligente. Si Intel había producido los chips más
inteligentes, ¿cómo no podrían ellos construir autos aquí? Idan Ofer un
billonario israelí puso el dinero: casi US$ 200 millones.
Entre los escépticos se encontraba Thomas
Weber, jefe de investigaciones de Mercedes, que sostenía que según sus
estudios, el cambio de una batería intercambiable podría causar electrocución o
incendios.
Better Place entonces inventó un sistema
para cambiar la batería semejante a un sistema de lavadero de autos. El coche
ingresaba en una línea donde una plataforma con ganchos de metal quitaban la
batería usada. Esa plataforma luego se movía y llevaba la batería a un lugar de
recarga, tomaba una batería cargada, la elevaba hasta su sitio bajo el auto
donde la colocaba nuevamente. Todo en 65 segundos.
Agassi resolvió este problema de cambiar
una batería de un peso exorbitante de forma confiable y segura utilizando los
mismos ganchos con los cuales se sujetan bombas sumamente pesadas para
situarlas en bombarderos. No había lugar para error en un mecanismo que
transporta habitualmente bombas: la batería sería igual de segura y renovable
en los autos eléctricos.
Si esto fuera exitoso, el impacto de
compañías como Better Place sería enorme. Emprendedores como Agassi no surgen
todos los días pero Israel tiene la más alta densidad de startups del mundo
(3850 startups por cada 1844 israelies). Hay mas compañías israelíes en el
NASDAQ que todas las compañías del continente europeo juntas. Increible, ¿no?
¿Por qué todo sucede en Israel? Porque la
necesidad hace que surja la creatividad. Uno de los factores citados para el
éxito israelí es la industria militar y de defensa del país que ha producido
exitosas compañías.
Según el ganador del Premio Nobel de
Economía, Robert Solow, la innovación tecnológica es la única posibilidad de
productividad y crecimiento. Cuando los emprendedores tienen éxito revolucionan
mercados, cuando fallan aún continúan haciendo presión y compiten estimulando
el progreso. Persistencia. Por eso es la «pequeña nación que pudo».
El resto lo seguiremos contando en varias
entregas. Fueron anécdotas de surgimiento de disrupciones, pasiones y emprendimientos
en jornadas de 14 horas donde entrecruzamos la historia de más de 2000 años con
lo último en innovación y tecnología.
Es que estuvimos en Jerusalem donde en un
mismo lugar se juntan griegos ortodoxos con musulmanes, judíos con católicos, coreanos
con etíopes, indios con una delegación gigantesca de brasileños y vaya a saber
de cuantos países más tras una misma búsqueda.
Borges decía: «Cualquier hombre son
todos los hombres» y aquí es real. Jerusalem la dorada, crisol de
religiones y naciones. Lugar donde todos son uno y uno va en la búsqueda de
todos. Lugar donde definitivamente uno deja de ser racional para ser
absolutamente emocional. Uno se siente infinitamente agradecido de haber podido
vivenciar estas experiencias y al mismo tiempo regalarlas aquí para lo lectores
y amigos. Gracias Israel. Gracias amigos de Israel. Gracias embajada de Israel
y Agencia de Innovación. Y el mayor de los agradecimientos a Siftech que tan
amablemente nos acogió. Un fuerte abrazo y hasta la próxima.
Un agradecimiento especia a Saul Singer
quien me ayudó con muchas de las anécdotas que seguiré contando.
La pequeña nación que pudo – Parte I
12/Dic/2017
El Observador, Por Javier Artigas - CEO y fundador de Connectus Medical